lunes, 25 de enero de 2016

La soledad de don Tancredo

La angustia y la soledad del torero en este cuadro de
José María Sánchez Casas
Como si todavía estuviésemos en los tiempos en que no había aviones ni móviles ni internet, el procedimiento para constituir las nuevas Cortes Generales e investir, en su caso, un nuevo gobierno necesita, en España, más de un mes, si las cosas transcurren normalmente. Más de veinte días pasaron entre el día de las elecciones, 20 de diciembre, y la constitución del parlamento, 13 de enero, y hasta una semana después no empezó el rey su ronda de consultas con los representantes de los partidos con presencia en el Congreso. 
En todo este tiempo, además, los partidos han sido incapaces de articular una negociación seria para formar gobierno, de manera que Mariano Rajoy -uno de los que más prisas parecía tener para que se configurase un ejecutivo que él considerase responsable- terminó declinando la propuesta del rey de que se sometiese a la sesión de investidura porque no cuenta con los apoyos necesarios (se ha dado cuenta, al fin, de que no basta ser el partido más votado) y prefiere que no empiece a correr el plazo de dos meses, a partir de su derrota en la investidura, para convocar nuevas elecciones si no se consigue llegar a un acuerdo de gobierno. 
Ha preferido prolongar su situación de presidente del gobierno en funciones, a la espera de que el líder socialista se queme en el intento de configurar una alternativa progresista para el que los principales obstáculos los encuentra en su partido. 
Rajoy prolonga su interinidad en la soledad dontancredista de quien ha hecho la estatua ante los grandes problemas sociales y ahora se ve en la necesidad de mendigar acuerdos a quienes despreció en su legislatura de arrogancia absoluta.
Más cosas sobre estos líos en estos artículos publicados en El Diario Fénix:

http://www.eldiariofenix.com/?q=content/sin-demasiadas-ilusiones-con-los-cambios

http://www.eldiariofenix.com/?q=content/los-problemas-sociales-en-segundo-plano

Como parece que no funcionan los enlaces, incluyo aquí los textos originales:


EL PLUMILLA ERRANTE

Sin demasiadas ilusiones con los cambios

José A. Gaciño (El Diario Fénix, 25-1-16)

Era de los que metían prisas (junto con la cúpula de la Unión Europea) para que se formase cuanto antes un gobierno responsable, presidido por él, claro, y compartido o apoyado por los partidos que coinciden en la defensa de la unidad de España y de los compromisos con la UE, pero Mariano Rajoy se ha apuntado a la táctica conservadora de perder tiempo para aguantar el resultado. De todas maneras, parece que ya se ha aprendido el artículo 99 de la Constitución, en el que se explica el procedimiento para elegir presidente del gobierno, y en el que no se alude para nada a la lista más votada, sino al candidato que consiga mayoría absoluta en una primera votación de investidura en el Congreso de los Diputados o mayoría simple en una segunda votación.
Quizá le falta aprender que, para conseguir esas mayorías, si no la tiene uno por su propio grupo, hay que negociar con otros grupos parlamentarios y ofrecer algo más que advertencias contra los radicalismos y vagas promesas de reformas. Y que quejarse públicamente de que su interlocutor más importante no quiere escucharle es una manera de reconocer su propia incapacidad para hacerse oír (y no digamos ya para entenderse y llegar a acuerdos).
Tampoco estaría de más que aprendiese que su habitual práctica de resistencia pasiva –no hacer nada, esperando que las cosas se arreglen solas– no siempre da resultado. Claro que, en este caso, puede que el resultado que esté buscando sea el de repetir las elecciones y simplemente prefiera que sea el candidato socialista el que se queme primero perdiendo la investidura, circunstancia que además le permitiría presentarlo como un irresponsable que ni deja gobernar al candidato del partido más votado ni es capaz de aglutinar apoyos para gobernar. Eso o esperar que la lucha interna en el PSOE le haga el trabajo de convencer a Sánchez (o sustituirlo por alguien que considere a Rajoy un político decente).
Frente a la pasividad de la derecha, la nueva izquierda de Podemos practica la sobreactuación en jugadas de farol que meten más presión al líder socialista, ya sometido a presiones contradictorias, en plan ducha escocesa, por sus barones territoriales que le exigen al mismo tiempo no pactar con el PP ni pactar contra el PP. Más posibilidades para la repetición de elecciones, unos pensando en protagonizar el sorpasso (“adelantamiento”) al PSOE con el que había soñado Anguita hace veinte años, otros esperando el definitivo fracaso de un líder considerado sin pedigrí por un aparato que prefiere morir a arriesgarse.
Como telón de fondo, las altas instancias de la Unión Europea, que quieren que se forme pronto un gobierno en España que despeje las incertidumbres que dicen que inquietan a los mercados y que empiece a hacer frente a los recortes obligados en unos presupuestos que ya han sido calificados de excesivamente optimistas por la Comisión Europea, advirtiendo que tendrían que ser revisados por el gobierno que saliese de las elecciones. Y tal como están las perspectivas internacionales, no parece que se vayan a modificar sustancialmente las líneas de reducción progresiva del gasto social. Ni la socialdemocracia (que gobierna en países como Alemania, Francia e Italia) ni la izquierda radical que gobierna en Grecia han conseguido modificar esa tendencia. Tampoco parece tener muchas posibilidades de hacerlo el gobierno socialista portugués con apoyos parlamentarios de comunistas y nueva izquierda. Por sumar que no quede (si es que realmente todos estos sumandos son homogéneos), pero, en principio, un gobierno de izquierdas en España también tendría limitadas sus posibilidades de hacer auténticas políticas de izquierda (aparte de no poder hacer como quisiera otras reformas más “domésticas”, como la de la Constitución, que previsiblemente serían boicoteadas por la derecha).
Convendría tener en cuenta ese contexto, para no hacerse demasiadas ilusiones con los cambios y, en el caso de que realmente se llegase a esa alternativa progresista que preconiza Sánchez, deberían explicar muy bien a los ciudadanos cuáles son los límites. Más que nada para no seguir alimentando nuevas decepciones.



EL PLUMILLA ERRANTE

Los problemas sociales, en segundo plano

José A. Gaciño (El Diario Fénix, 12-1-16)

Tan legítimo sería que el gobierno español –el que está ahora en funciones o el que pueda ser investido, si los políticos electos son capaces de hacer política y llegar a acuerdos– hiciera frente a los posibles pasos del nuevo gobierno catalán hacia la independencia a base de recursos de inconstitucionalidad, o incluso haciendo uso del artículo 155 de la Constitución española, como que, en un golpe de audacia, retase a los independentistas a aceptar la celebración de un referéndum que aclarase directamente cuántos catalanes son realmente partidarios de la independencia. Sería como una propuesta in extremis, con unas cuantas líneas rojas chirriando, pero al menos una de las partes, la de los independentistas catalanes, no podría extrañarse de ese cambio de última hora después de la investidura exprés que han protagonizado en el pasado fin de semana.
La audacia no es algo que haya abundado en los gobiernos del actual sistema democrático español. Adolfo Suárez la gastó casi toda con aquella ley para la reforma política que le vendió a las Cortes franquistas (y que en cinco artículos y tres disposiciones transitorias se cargaba prácticamente las leyes fundamentales del franquismo) y con la legalización por sorpresa del Partido Comunista. Volvió a aparecer en aquella pirueta de Felipe González con la que dio la vuelta a su postura inicial sobre la OTAN, precisamente a través de un referéndum (había ensayado antes la audacia en el debate interno de su partido, cuando practicó la dimisión calculada para convencer a sus compañeros de que había que olvidarse del marxismo).
Claro que se habla de audacia cuando las cosas salen bien. Si se tuercen, se habla más bien de temeridad (la que cometen los temerarios, “excesivamente imprudentes arrostrando peligros”, según el diccionario de la Academia). En eso están precisamente los políticos catalanes que han iniciado su camino hacia la independencia. Llevados por una euforia movilizadora que superó sus propios cálculos al promoverla, vislumbrando suculentos réditos electorales, han terminado enredados en una interminable huida hacia adelante, a pesar de que los réditos no han sido tan suculentos. Su audacia se va convirtiendo en temeridad a medida que avanzan en el vacío, convencidos de que, a pesar de tener casi todas las condiciones en contra, esta es la gran ocasión histórica de alcanzar su sueño. Empezaron jugando lo que creían una buena baza electoral y ahora juegan a creerse que es posible poner en marcha el proceso. De todas formas, sigue pesando el cálculo electoral: la investidura exprés parece responder fundamentalmente al pánico a unas elecciones anticipadas que podrían haber supuesto el hundimiento final de la en otro tiempo poderosa Convergéncia.
Ofrecer ahora un referéndum para que despierten del sueño podría ser una manera de facilitarles una salida airosa. Después de todo, hay algunos gestos que parecen señalar ciertos resquicios para el diálogo. Como que, ante el primer recurso de inconstitucionalidad, el Parlamento catalán haya presentado alegaciones, en lugar de empezar a practicar la desconexión. O que la presidenta haya pedido audiencia al Rey para trasladarle el acuerdo de investidura (entre paréntesis: ¿no hubiese sido mejor recibirla, para acentuar que sigue formando parte del Estado?). O que el “sacrificado” Mas insista en que hay que evitar un gobierno central del PP, con o sin Ciudadanos, como insinuando que no verían mal otra alternativa.
Pero la perspectiva más previsible, en principio, es la de una legislatura volcada en el seguimiento del Tribunal Constitucional trabajando a destajo en un laberinto de recursos y contrarrecursos en torno a los intentos de desconexión catalana, sea cual sea el gobierno que finalmente consiga la mayoría suficiente para sumar apoyos entre los nuevos equilibrios parlamentarios (urgidos por el mismo pánico de algunos a la repetición de elecciones). Con la cuestión catalana condenada a convertirse en la prioridad de ese nuevo gobierno central, se corre el peligro de que pasen a un segundo plano las grandes cuestiones económicas y sociales provocadas por la crisis y por las medidas adoptadas supuestamente para salir de la crisis. La fortuna, en este caso, no sonreiría precisamente a los audaces.



viernes, 22 de enero de 2016

Memoria de la guerrilla antifranquista

De izquierda a derecha, Manuel Velasco, Afonso Eiré y Francisco Rodríguez
Iglesias, en la presentación del libro O Piloto. El último guerrillero, en el
salón de actos de la Casa de la Provincia, en Sevilla
La guerrilla antifranquista ha sido muy mal historiada, recordaba ayer Francisco Martínez, Quico, nonagenario superviviente de la agrupación guerrillera que dirigió Xosé Luis Castro, O Piloto, en tierras de Lugo. Fue una intervención vía telefónica en el acto de presentación en Sevilla del libro O Piloto. El último guerrillero (traducción al castellano del original en gallego, publicado el año pasado). En el acto habían hablado antes el editor Francisco Rodríguez Iglesias, presidente de Hércules de Ediciones; Manuel Velasco, presidente de la asociación Guerra y Exilio-Memoria Histórica de Andalucía, y el autor, el periodista gallego Afonso Eiré, nacido en el municipio de Chantada, precisamente donde O Piloto estableció su base de operaciones. 
En efecto, como podía deducirse de las diversas intervenciones, la guerrilla ha quedado relegada al capítulo de elementos colaterales o residuales de la lucha antifranquista. Catalogada por la propaganda del franquismo como actividades de bandidaje, tampoco las fuerzas más representativas de la oposición democrática la aceptaron, sobre todo después del final de la segunda guerra mundial, cuando las potencias occidentales, en el clima de guerra fría que sucedió a la derrota de los fascismos, prefirieron tolerar la dictadura de Franco. Distanciándose de la continuidad de la lucha armada, las fuerzas antifranquistas pretendían ofrecer una imagen de moderación y estabilidad, pero de poco les sirvió ante una situación internacional que favoreció a los intereses que Franco representaba y defendía con su implacable represión.
En realidad, cuando la guerrilla surgió en Galicia en 1938, el gobierno de la República no apoyó la apertura de ese frente en la retaguardia del enemigo. Diez años después, el Partido Comunista -al que estaban ligadas las agrupaciones guerrilleras gallegas- dio por clausurada esta vía de resistencia de forma abrupta, dejando colgados a los guerrilleros, sin ningún tipo de ayuda -ni siquiera para escaparse-, a merced de la represión del régimen. Aun así, O Piloto y sus hombres continuaron su actividad hasta los años sesenta, convirtiéndose en el último reducto de la resistencia armada. En 1965, un 10 de marzo (curiosamente el mismo día en que, siete años después, murieron en Ferrol dos obreros, por disparos de la policía), O Piloto fue abatido a tiros por la guardia civil.
Si resistieron hasta entonces, como insistía ayer Quico -en un impresionante y lúcido testimonio-, era porque contaba con apoyo en el pueblo. Un apoyo y una conciencia que se mantenía todavía años después, cuando, en los últimos años del franquismo y primeros de la transición -lo recordaba Afonso Eiré, que trabajó personalmente aquellos primeros momentos de reorganización-, empezaron a configurarse los núcleos iniciales de las Comisións Labregas.
Tanto Eiré como Manuel Velasco insistieron en que a los guerrilleros no se les ha reconocido su condición de últimos soldados de la República. Como lamenta el autor del libro, todavía estamos tratando de reivindicar a las víctimas cuando deberíamos estar homenajeando a los luchadores.

jueves, 17 de diciembre de 2015

Lo bueno por conocer



Concentración del 15-M en el complejo de Las Setas (Sevilla, mayo de 2012)

Saturados de procesos electorales, dentro y fuera de España, bombardeados especialmente de cara a las elecciones generales del próximo domingo, 20 de diciembre, en España, parece que el nivel de indecisos es superior al habitual, pero la intención de participar también es superior. Los votos se pelean hasta el último momento y muchos ciudadanos se debaten entre lo malo conocido y lo bueno por conocer. Una buena parte de esos muchos todavía no se han convencido de que lo malo conocido es muy malo y que cualquier alternativa por conocer puede ser mejor. Tanto entre las derechas como entre las izquierdas. Y mientras deshojamos la margarita electoral, recojo aquí mi última reflexión en El Diario Fénix sobre algunos mecanismos con los que desde el poder se tratar de arrimar el ascua a la sardina más conveniente (para el poder, se entiende):
http://www.eldiariofenix.com/?q=content/experiencias-de-un-intenso-a%C3%B1o-electoral#.VnH9Yj5LKeQ.twitter

Falla el enlace. Aquí está el texto:

EL PLUMILLA ERRANTE

Experiencias de un intenso año electoral

José A. Gaciño (El Diario Fénix, 15-12-15)

Rodeados de elecciones por todas partes, llega ya la fecha culminante de este intenso año electoral en España, el 20 de diciembre, con las elecciones generales. Los ciudadanos han tenido ocasión de acumular experiencias y conocimientos sobre procesos electorales en diversos niveles y en distintos ámbitos territoriales.
Los resultados han sido variados, desde la continuidad más o menos forzada en las comunidades andaluza y catalana, donde se produjeron atascos de entendimiento para conseguir la investidura (en Cataluña todavía están atascados), hasta los cambios más inesperados con todo tipo de combinaciones en materia de apoyos explícitos o indirectos, con coaliciones de gobierno o con fugaces votaciones de investidura. En algunos casos, se han notado las insuficiencias o las distorsiones que provocan unas normas electorales diseñadas para favorecer a los más poderosos.
La disputa sobre la mayoría independentista en Cataluña, por ejemplo, ha ilustrado cómo una distribución sesgada de diputados por provincia puede fabricar una mayoría parlamentaria absoluta sin tener tal mayoría absoluta de votos ciudadanos. Un criterio establecido en su día –antes de la Constitución y no corregido después– por políticos centralistas, obsesionados por primar la representación de la España “profunda” y despoblada (supuestamente más afín a sus principios centrales y conservadores), es aprovechado ahora para intentar “desconectarse” del Estado.
Precisamente esa distribución provincial sesgada, que prácticamente elimina el criterio constitucional de la proporcionalidad en un tercio de los escaños, puede estar a punto de jugar en contra de algunos de los dos grandes partidos (el PSOE especialmente), a juzgar por las encuestas que detectan un importante crecimiento de nuevas fuerzas en algunas de esas provincias sobrerrepresentadas. Le acaba de pasar al chavismo en Venezuela: la oposición, con el 56 por ciento de los votos, ha alcanzado el 67 por ciento de los diputados y su sobrerrepresentación se debe, entre otras cosas, a que consiguieron ganar en circunscripciones a las que el oficialismo había “engordado” en escaños porque las consideraba especialmente afines.
Los criterios constitucionales, por otra parte, también se intentan soslayar por parte de quienes, como el PP, descalifican los pactos de gobierno que no incluyen a la lista más votada, sin molestarse en proponer una reforma de la Constitución para modificar el procedimiento de elección de alcaldes y presidentes de gobierno, que, en estos momentos, la Constitución atribuye a concejales y diputados, respectivamente. También ha barajado alguna vez el PP la posibilidad de primar a la lista más votada –una obsesión derivada de su limitada capacidad de pactos–, como decidieron en Grecia los mismos que maquillaron las cuentas públicas para acceder al euro: conceder un plus de cincuenta escaños a la lista más votada, pensando en fortalecer la posición de los dos grandes partidos turnantes, y que ha terminado aprovechando Syriza (que, por cierto, criticó tal privilegio cuando quedó segundo en las elecciones de 2012).
En Portugal, un pacto de los tres grupos de izquierda ha permitido a los socialistas formar gobierno, desplazando a la coalición de centro-derecha, la lista más votada e inicialmente encargada de formar gobierno, pero sin mayoría suficiente en la cámara para sostenerlo. En España, esa posibilidad todavía no se ha estrenado en el gobierno central, pero alguna vez tendría que ser la primera. Sólo repasando las maneras y los contenidos de los diversos debates televisados en esta campaña –entre nuevos, viejos y patéticos– los ciudadanos pueden encontrar razones decentes de sobra para cambiar, por lo menos, al primero de la lista.



Pero, como me había quedado retrasado en la incorporación a este blog de mis artículos en El Diario Fénix, incluyo aquí los enlaces a los dos anteriores, uno sobre los vaivenes del bipartidismo y las fuerzas emergentes http://www.eldiariofenix.com/?q=content/recuperaci%C3%B3n-de-los-malos-conocidos

EL PLUMILLA ERRANTE

Recuperación de los malos conocidos

José A. Gaciño (El Diario Fénix, 27-11-15)

Aunque hayan renegado tanto de los que consideran advenedizos e inexpertos, los políticos de la “casta” se han lanzado a imitar su estilo. Tratan de aparecer como cercanos a la gente, como ciudadanos normales que comparten un café con sus vecinos, que ríen sus gracias o que se expresan como con espontaneidad, sin los corsés retóricos que se gastan los políticos profesionales para no salirse de las pautas programadas. Acuden a espacios televisivos de entretenimiento a mostrar su “lado humano” y no vacilan en contar chistes, cantar, bailar o comentar partidos de fútbol, confiados en que la curiosidad benevolente del personal les redimirá, si hacen el ridículo.
España vive su última campaña electoral del año más electoral de su democracia. En realidad, ha sido una campaña ininterrumpida, ya desde las europeas de hace año y medio (mayo de 2014), cuando saltó la sorpresa de las fuerzas políticas emergentes que le empezaban a comer terreno al bipartidismo. Entre las referencias de los sondeos continuos y los resultados de las distintas elecciones que se han ido sucediendo a lo largo de este año, los partidos políticos y sus líderes han estado sometidos a un test permanente de valoración que ha ido dibujando trayectorias con altibajos en algún momento sorprendentes, pero que finalmente parecen desembocar en un panorama en el que quizá no pierda tanto terreno al bipartidismo como se llegó a pensar, aunque, de todas formas, sufran una buena merma.
También han ido cambiando las perspectivas de cambios radicales que apuntaban las primeras muestras. Hace un año, se auguraban hasta procesos constituyentes, coincidiendo con las mejores expectativas de la fuerza emergente de la izquierda (Podemos). Curiosamente, a medida que ha ido ajustando sus propuestas a la “centralidad” (que no el centro, como insisten en matizar) de las necesidades ciudadanas, suavizando o aparcando las medidas más espectaculares, se han ido también moderando, decreciendo, sus expectativas electorales.
Al final, mientras la derecha actualmente gobernante empieza a dar vagas señales de apertura a posibles reformas constitucionales –siempre partiendo de la actitud pasiva de esperar a las propuestas de otros–, los más audaces han pasado del proceso constituyente a las reformas de mayor o menor calado, conscientes de que, con esa derecha inmovilista, es utópico abordar un proceso que necesita mayorías imposibles de alcanzar. Una lección que bien podrían aplicarse los protagonistas del proceso independentista en Cataluña, atascados en un triunfo electoral insuficiente, que, encima, están proporcionando oxígeno a quienes, desde el gobierno central, menos están dispuestos ni siquiera a dialogar.
Por cambiar, han cambiado hasta los contenidos del debate. Hace un año, todo hacía suponer que los dos grandes partidos (sobre todo, el primero, el que gobierna) vivirían una dura campaña en la que tendrían que afinar sus explicaciones para sacudirse los efectos electorales de la montaña de corrupciones que habían ido acumulando antes, durante y después de la crisis (suponiendo que hayamos salido de ella, como trata de dar a entender el gobierno). Ahora, entre la cuestión catalana y el peligro yihadista, tienen materia suficiente para disimular esas corrupciones entre la unidad de la patria indivisible y la defensa de la civilización occidental.

Así aguantan el tipo y cruzan los dedos para que ningún nuevo azar catastrófico vuelva a interferir en la campaña, confiando en que, una vez más, el conservador refrán de que más vale malo conocido que bueno por conocer sea el que guíe el comportamiento de los electores. No les importa reconocerse en el papel de malo.


y otro sobre el inevitable cambio climático: http://www.eldiariofenix.com/?q=content/la-humanidad-se-agota-por-exceso 

EL PLUMILLA ERRANTE

La humanidad se agota por exceso

José A. Gaciño (El Diario Fénix, 6-12-15)

Asumida la doctrina del crecimiento continuo (en economía como en otras actividades humanas, a veces confusamente ligada a la idea de progreso), resulta automático considerar un problema el descenso de la natalidad en determinados países. En España, sin ir más lejos, como, en general, en los países más desarrollados, en los que la mujer ha podido alcanzar un mayor nivel de autonomía a la hora de decidir sobre su maternidad. En el primer semestre de este año, en España se han registrado más muertes que nacimientos, una circunstancia que ya se había producido en 1999. Entonces, los nacimientos terminaron superando a las defunciones al final del año, pero esta vez los demógrafos ven difícil que se cambie la tendencia. Y si la tendencia sigue manteniéndose, España perdería un millón de habitantes en los próximos quince años y más de cinco millones, de aquí a 2064.
En realidad, esa tendencia podría significar un motivo de esperanza para la supervivencia de la especie humana, sobre todo si se extiende al conjunto del planeta. Hasta ahora, la humanidad va camino de agotarse por exceso. Los científicos todavía no tienen bien definido cuál es el umbral de población a partir del cual comenzarán a plantearse graves problemas de supervivencia, teniendo en cuenta la limitación de recursos del planeta y los niveles de deterioro del medio ambiente, pero la cifra de 9.000 millones de habitantes es una de las que se baraja, y a esa cifra se puede llegar dentro de diez o quince años.
Los graves problemas de contaminación causados por la actividad humana, especialmente por el consumo intensivo de combustibles fósiles, están muy estrechamente relacionados con la superpoblación. El homo sapiens lleva más de cien mil años dejando su huella en el planeta, en principio muy leve, evidentemente, pero incluso cuando ha ido siendo más profunda, a partir de la revolución agrícola, nunca ha significado un peligro para la supervivencia global, pese a las devastaciones de terrenos y de las grandes depredaciones de otras especies animales que se han ido produciendo, con un alcance local, que llevaba a la desaparición de algunas colectividades o a su desplazamiento más o menos traumático.
El peligro ha empezado a extenderse, a globalizarse, a partir de la revolución industrial y con el espectacular crecimiento demográfico: en poco más de dos siglos, la población mundial se ha multiplicado por siete. El deterioro medioambiental afecta ahora a todo el planeta y necesita una solución planetaria. En la ONU llevan intentándolo desde la primera Cumbre de la Tierra sobre Desarrollo Sostenible, celebrada en Rio de Janeiro en 1992. Se han sucedido reuniones y conferencias internacionales, se formalizó el Protocolo de Kioto en 1997 (suscrito por 37 países industrializados, pero sin Estados Unidos ni China), y un Panel Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático ha llegado a conclusiones científicas sobre las causas del calentamiento global y la necesidad de reducir drásticamente las emisiones de gases contaminantes.

De eso vuelve a hablarse estos días en Paris, arrastrándose la frustración de más de veinte años de debate con resultados muy limitados. Los poderosos intereses económicos en torno a la energía contaminante y la resistencia en las sociedades desarrolladas a rebajar los niveles de consumo de esa energía, junto con el agravio de las menos desarrolladas que reclaman su derecho a alcanzar esos niveles de consumo, bloquean un avance más profundo hacia el objetivo marcado de no rebasar los dos grados de aumento de temperatura para 2100. A falta de una voluntad política general de acometer ese problema, prescindiendo en primer lugar de la obsesión por el crecimiento (económico y demográfico), parece que sólo se puede aspirar a aplicar parches.     

martes, 1 de diciembre de 2015

Raimon: 75 años de lucidez

El cantante valenciano Raimon cumple 75 años y sigue activo y lúcido, como puede apreciarse en esta entrevista que publicaba hoy el diario El País:
 http://cultura.elpais.com/cultura/2015/11/25/actualidad/1448464173_033126.html

Ahora que es duramente criticado por mostrar su desacuerdo con el independentismo, viene bien recordar que en su día Raimon mostró activamente su desacuerdo con la dictadura franquista. De aquella época (mayo de 1968) es la entrevista que le hice en el ya desaparecido Diario SP cuando su mítico concierto en la Facultad de Políticas de Madrid. Lo recordamos cuarenta años después, el 22 de mayo de 2008, cuando repitió el concierto en otro recinto de la Universidad Complutense. 




viernes, 20 de noviembre de 2015

Hace cuarenta años

Caricatura publicada en el número 28/29 de
Cuadernos de Ruedo Ibérico (diciembre 1970-marzo 1971),
obra del dibujante Vasco
Lo conservo desde hace 39 años. Se trata de un artículo que no llegó a salir impreso. Pretendía que se publicase en El Ideal Gallego, el periódico de A Coruña en el que entonces trabajaba, el 20 de noviembre de 1976. Ni se mencionaba al dictador muerto en la cama un año antes, pero el director del periódico no consideró conveniente publicarlo ("Querido Gaciño: Tal vez el próximo aniversario..."). El director era Rafael González, un buen amigo, cómplice en las pequeñas batallas que librábamos por la libertad de expresión en los últimos años del franquismo. Soportaba con temple el empuje de unos cuantos redactores progres, los límites legales ciertamente estrechos, las presiones de las autoridades competentes (que estrechaban aún más la legalidad) y la línea oficial de la casa (la Editorial Católica, que jugaba al aperturismo pero dentro de un orden). En caso de duda o de peligro inminente, ya sabíamos todos por dónde se rompería la cuerda. Amistosamente, dejamos el artículo para mejor ocasión y, como ya no hubo mejor ocasión, el artículo se quedó entre mis papeles. Ahora que se cumplen cuarenta años de aquella muerte, se me ha ocurrido desempolvarlo y aprovechar esta ventana para enseñarlo al mundo (bueno, a los queridos insensatos que se paran ante mi ventana). He escaneado como he podido el folio y las cinco líneas mecanografiadas, adjuntándole la cariñosa nota del jefe comprensivo.

Pero, por si no se lee bien, transcribo el texto, encabezado con una cita de Luis Cernuda: "Borradas están ya las inscripciones de las losas con muertos de dos siglos". Mi texto (de literatura más modesta) es este:



"Ya casi no nos acordábamos de ti, salvo que, de vez en cuando, alguno de los tuyos -de los que te lo deben todo, porque se enriquecieron a tu sombra y en tu nombre- te invocaba. Ya casi pensábamos que tu desaparición se hundía en la noche de los tiempos, en el infierno de los olvidos. Tan poco duró tu recuerdo que empezábamos a pensar que todo había sido una larga pesadilla, de la que habíamos despertado con un cierto amargo regusto de resaca moral, como con ardores mentales por la borrachera de odio que nos obligaste a padecer.
Quienes no hemos conocido otra vida que bajo tu sombra omnipotente ahogando nuestras tímidas inquietudes libertarias, apenas balbuceamos ahora, torpemente, vacilantes intentos de convivencia, de comprensión, ensayos titubeantes para aprender a caminar sin vendas ni trabas. Hemos perdido el tiempo en la noche confusa de la desesperación y, ahora que vemos el alba en el horizonte difuso del futuro, tratamos de orientarnos en la luz, para recuperar nuestra propia historia, la que tú nos desviaste.
Casi ya no te recordábamos y de pronto un día, una fecha que coincide, te volvemos a tener ante la memoria atormentada. Y querríamos que no hubieses existido, que todo hubiera sido efectivamente un sueño, y volviéramos a tener nuestros años intactos para llenarlos de pureza. No va a ser posible ahora tener el corazón fresco -lo hemos visto en el tiempo que nos has faltado- para mirar todo como si nada hubiera pasado, como si los pájaros hubiesen volado siempre libres y los buitres no hubieran despedazado la sangre caliente de nuestros hermanos. Esta herencia maldita nos agobia y nos confunde.
Quisiéramos guardar a nuestros hijos de tu recuerdo, ya que nosotros no estamos libres de él -aunque a veces nos parezca todo un sueño-, como se les guarda de los malos tragos o de las caídas inútiles. Quisiéramos ocultarles también así el triste papel de humillados que nos tocó jugar. Y anotar aquella larga noche de piedra -de la que ya casi no queríamos acordarnos- en el capítulo de las pérdidas personales.
Quizá con el tiempo lleguemos a creernos que nunca tuvimos infancia con cacerolas huecas y ausencias doloridas, ni adolescencia furtiva e interrogante, ni juventud con besos tristes y libros vacíos. Si no podemos recuperar la vida hecha trizas, quizá podamos disfrazarnos el alma de niño recién nacido, en el que tu recuerdo sea sólo como un lejano sentimiento de culpabilidad, una especie de pecado original que la clemencia de un bautismo, o el bisturí de un psicoanálisis, pueda hacer desaparecer".

miércoles, 18 de noviembre de 2015

Difícil equilibrio entre libertad y seguridad

Diseño de Jean Jullien, a propósito de los atentados de París, en
el que fusiona el símbolo de la paz con la Torre Eiffel
No es fácil reaccionar con racionalidad ante ataques terroristas tan brutales como los que se perpetraron el viernes 13 en París, sobre todo cuando forman parte de una cadena de ellos que ya ensangrentaron la propia capital francesa y diversos lugares de la cuenca mediterránea, por limitarnos sólo a los de este año. Una reacción visceral lleva a respuestas vengativas y contundentes, que, por lo general, resultan poco eficaces para erradicar un fenómeno que se alimenta precisamente de sentimientos viscerales de odio y venganza, a partir de agravios reales o inducidos. 
Desde los ataques del 11 de septiembre de 2001 contra las Torres Gemelas de Nueva York -el hito emblemático de este nuevo terrorismo global-, las respuestas bélicas no han dado el fruto adecuado. En algunos casos -la ocupación de Irak, por ejemplo- resultaron contraproducentes. Los primeros pasos del gobierno francés -intensificando los bombardeos en Siria y endureciendo las medidas internas para situaciones de excepción- parece que van en la misma dirección, aunque su intención de entenderse con Rusia indica una corrección en la postura occidental, hasta ahora firme, de no negociar con el régimen de Bachar Al Asad.
Sobre el debate que los ataques terroristas generan en el seno de las sociedades democráticas -el de sacrificar ciertos niveles de libertad en aras de una mayor seguridad colectiva- trata especialmente este nuevo artículo del plumilla errante en El Diario Fénix:

http://www.eldiariofenix.com/?q=content/malos-tiempos-para-los-equilibrios#.VkxQNcnmaPg.twitter

El enlace ya no enlaza. Por eso, reproduzco aquí el texto:

EL PLUMILLA ERRANTE

Malos tiempos para los equilibrios

José A. Gaciño (El Diario Fénix, 18-11-2015)

Son momentos de declaraciones solemnes y rotundas. Y de medidas excepcionales que sirvan para calmar la ansiedad de la ciudadanía vulnerable y transmitan la sensación de que se reacciona con contundencia. Un efecto tranquilizador de consumo interno (para las víctimas reales o potenciales), que no siempre tiene la eficacia deseada frente a quienes agreden desde dentro o desde fuera, pero siempre de forma imprevisible e indiscriminada.
Abrumados por la brutalidad de ataques como el del viernes 13 en París (como unos días antes en una mezquita chií en Beirut, y unas semanas antes en una manifestación pacifista en Ankara, por no remontarnos al 11-S neoyorquino en 2001, al 11-M madrileño en 2004 o al 7-J londinense de 2005), la emoción y la rabia no deja ver los matices y se da por buena cualquier decisión destinada a perseguir a los fanáticos, aunque, en la mayoría de los casos, la autoinmolación elimina fanáticos que perseguir.
El clima es propicio para que los gobiernos desnivelen el delicado equilibrio entre libertad y seguridad. Nunca encontrarán a los ciudadanos más dispuestos a aceptar recortes en sus libertades. Dispuestos a comprender que, para controlar a un terrorismo tan cruel y escurridizo, es necesario limitar, e incluso eliminar si hace falta, las garantías de los derechos individuales, en aras de la seguridad colectiva.
Recortes y limitaciones que empiezan a aplicarse con carácter temporal y excepcional, pero que luego terminan por no levantarse nunca del todo: a Obama le queda poco más de un año de mandato y todavía no ha podido cumplir su promesa de cerrar el limbo jurídico de Guantánamo ni derogar la muy excepcional la ley patriótica de Bush junior (que ha permitido, entre otras cosas, realizar un control universal de teléfonos y correos electrónicos). Esos catorce años de excepcionalidad quizá han podido rebajar algo el nivel de amenaza terrorista en suelo norteamericano, pero no desde luego en un escenario que incluye el Oriente Medio, Europa y casi la mitad del continente africano.
En ese escenario, la guerra caliente se centra en estos momentos en Siria e Irak, donde el llamado Estado Islámico ha ocupado territorios en los que empezar a montar su delirio de establecer un nuevo califato, pero los efectos colaterales afectan, en mayor o menor grado, a los países vecinos y a Europa, en unos casos por la masiva afluencia de fugitivos del terror islamista (y de la dictadura de Al Asad, que todo hay que decirlo) y en otros por la actividad terrorista. La sangre corre por todo ese panorama. Más en Siria e Irak, claro, donde los muertos (todos árabes y la mayoría musulmanes) superan ya los trescientos mil, y los desplazados rebasan los trece millones (nueve en su propio país y más de cuatro millones en los países fronterizos y, desde este verano, también vagando por Europa adelante).
Las declaraciones solemnes y las medidas excepcionales tampoco dejan hueco para la autocrítica. Los asesinatos terroristas no caen del cielo, aunque se cometan en nombre de Alá. Son producto de un complejo entramado de circunstancias históricas, sociales y económicas (y religiosas, no se olvide), en las que Occidente también se manchó las manos, directamente o a través de aliados interpuestos. “Vos guerres, nos morts” (“vuestras guerras, nuestros muertos”) es el lema de un montaje que circula por Facebook sobre una foto en que aparecen Putin, Cameron, Obama y Hollande. No están todos los que son (faltan Al Asad, Al Bagdadi y los monarcas del petróleo, por ejemplo), pero son todos los que están.

Lo triste es que sean necesarios tantos muertos inocentes (en Siria, en Irak, en Turquía, en Líbano, en Francia… ) para que en algún momento culpables y responsables lleguen a plantearse alguna vía de entendimiento. Por ahora, ni las premiosas reuniones de Viena ni el pronunciamiento puramente retórico sobre los asesinatos de París en la reunión del G-20 ofrecen muchas esperanzas de que ese entendimiento esté cerca. Malos tiempos para los equilibrios.

sábado, 7 de noviembre de 2015

Añoranza del internacionalismo proletario

El cuarto estado es el título de este cuadro que pintó el italiano Giuseppe Pelliza de Valpedro entre 1898 y 1901
y sirvió de cartel a la película Novecento, de Bernardo Bertolucci
Las elecciones generales convocadas para el próximo 20 de diciembre deberían servir para que el actual gobierno rindiese cuentas sobre su gestión de la crisis. Después de cuatro años, el Partido Popular va a dejar la economía española más o menos como estaba cuando empezó a gobernar, especialmente en materia de empleo. Nada que ver con el discurso triunfalista que manejan, basado, entre otras cosas, en la recuperación del empleo perdido, sin especificar que el empleo que se ha recuperado es que el que se perdió durante sus primeros años de legislatura. 
Cuentan, además, con la ayuda inestimable del contencioso catalán. La huida hacia adelante del partido gobernante en Cataluña, Convergéncia Democrática, tras asumir la bandera del independentismo para tapar algunas vergüenzas de gestión (con acusaciones de corrupción incluidas), le sirve ahora a la derecha española para convertir la campaña de las elecciones generales en un canto a la unidad de la patria, obviando toda la política de recortes y precariedad, además de sus particulares casos de corrupción general. 
Ese escenario es el que se analiza en este artículo, publicado en El Diario Fénix: 
http://www.eldiariofenix.com/?q=content/a%C3%B1oranza-del-internacionalismo-proletario

Parece que el enlace de El Diario Fénix murió. Reproduzco aquí el artículo:

EL PLUMILLA ERRANTE

Añoranza del internacionalismo proletario

José A. Gaciño (El Diario Fénix, 4-11-2015)

No habían dialogado, negociado ni pactado con nadie a lo largo de su legislatura absoluta, en la que han abundado los decretos para entretenerse menos en el parlamento, pero ahora llaman a rebato para salvar la unidad de España. Una cuestión de Estado, claro, que exige que todos cierren filas detrás del gobierno. Una magnífica oportunidad para eliminar del debate electoral todas las cuestiones relativas a las corrupciones y a la precariedad laboral y social con la que este gobierno pretende convencer de que España sale de la crisis. Lástima que tengan que compartir los réditos con Ciudadanos, mucho más creíble en la movilización unitaria que su inmovilismo, pero la inercia del poder –y la debilidad que los socialistas no terminan de superar– todavía los mantiene en el primer puesto en las encuestas y puede que los siga manteniendo hasta el día de las elecciones generales, por mucho que continúen cayendo y los emergentes subiendo.
Y como estos de la derecha practican memoria histórica selectiva, no tienen por qué recordar que ellos en otra cuestión de Estado, la lucha antiterrorista, no sólo no cerraron filas con el gobierno anterior (socialista) sino que movilizaron y manipularon a las víctimas para bloquear la estrategia gubernamental de entonces (que, por cierto, a pesar de esa actividad boicoteadora, consiguió derrotar al terrorismo etarra y poner fin a una etapa siniestra y dolorosa). Tampoco practicaron la responsabilidad institucional cuando decidieron retirarse del debate sobre la reforma del estatuto catalán y promovieron otro boicot, no ya contra la reforma que no les gustaba (comprensible como muestra de disensión política) sino directamente contra los productos procedentes de Cataluña (lo que sonaba a declaración de guerra).
Contribuyeron a alimentar la difusión del sentimiento independentista y, una vez prendido el fuego, tratan de aprovecharlo ahora para calentar sus expectativas electorales. Favores recíprocos, como ha comentado Iñigo Errejón, de Podemos: Rajoy le hizo la campaña a Mas y Mas le hace ahora la campaña a Rajoy. Cierto que, en el primer caso, los resultados no fueron muy contundentes: por un escaño, el capitalista Mas está pendiente, para su supervivencia como gobernante en activo, de las condiciones que le arranquen los revolucionarios anticapitalistas de la Candidatura d’Unitat Popular. En el segundo caso, está por ver qué nivel de limpieza y transparencia le exigirán a Rajoy sus hipotéticos socios futuros para dejarlo seguir ejerciendo de Don Tancredo.

Entre las jugadas electoralistas de unos y de otros, retroalimentándose a base de manipular los sentimientos encontrados de sus respectivos electorados, anda peligrando por medio la convivencia de los pueblos y el equilibrio social, con la curiosa coincidencia de que, a la cabeza de los que tratan de gestionar cada uno de los bandos, aparecen sendos representantes de ese capitalismo especulativo que puso en marcha hace siete u ocho años, al hilo de la primera gran crisis financiera de este siglo, esta nueva era de precarización universal. Como para sentir añoranza de aquellos sueños del internacionalismo proletario.