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| El cuarto estado es el título de este cuadro que pintó el italiano Giuseppe Pelliza de Valpedro entre 1898 y 1901 y sirvió de cartel a la película Novecento, de Bernardo Bertolucci |
Cuentan, además, con la ayuda inestimable del contencioso catalán. La huida hacia adelante del partido gobernante en Cataluña, Convergéncia Democrática, tras asumir la bandera del independentismo para tapar algunas vergüenzas de gestión (con acusaciones de corrupción incluidas), le sirve ahora a la derecha española para convertir la campaña de las elecciones generales en un canto a la unidad de la patria, obviando toda la política de recortes y precariedad, además de sus particulares casos de corrupción general.
Ese escenario es el que se analiza en este artículo, publicado en El Diario Fénix:
http://www.eldiariofenix.com/?q=content/a%C3%B1oranza-del-internacionalismo-proletario
Parece que el enlace de El Diario Fénix murió. Reproduzco aquí el artículo:
EL
PLUMILLA ERRANTE
Añoranza del
internacionalismo proletario
José
A. Gaciño (El Diario Fénix,
4-11-2015)
No
habían dialogado, negociado ni pactado con nadie a lo largo de su legislatura
absoluta, en la que han abundado los decretos para entretenerse menos en el
parlamento, pero ahora llaman a rebato para salvar la unidad de España. Una
cuestión de Estado, claro, que exige que todos cierren filas detrás del gobierno.
Una magnífica oportunidad para eliminar del debate electoral todas las cuestiones
relativas a las corrupciones y a la precariedad laboral y social con la que este
gobierno pretende convencer de que España sale de la crisis. Lástima que tengan
que compartir los réditos con Ciudadanos, mucho más creíble en la movilización
unitaria que su inmovilismo, pero la inercia del poder –y la debilidad que los
socialistas no terminan de superar– todavía los mantiene en el primer puesto en
las encuestas y puede que los siga manteniendo hasta el día de las elecciones generales,
por mucho que continúen cayendo y los emergentes subiendo.
Y
como estos de la derecha practican memoria histórica selectiva, no tienen por
qué recordar que ellos en otra cuestión de Estado, la lucha antiterrorista, no sólo
no cerraron filas con el gobierno anterior (socialista) sino que movilizaron y
manipularon a las víctimas para bloquear la estrategia gubernamental de entonces
(que, por cierto, a pesar de esa actividad boicoteadora, consiguió derrotar al
terrorismo etarra y poner fin a una etapa siniestra y dolorosa). Tampoco
practicaron la responsabilidad institucional cuando decidieron retirarse del
debate sobre la reforma del estatuto catalán y promovieron otro boicot, no ya
contra la reforma que no les gustaba (comprensible como muestra de disensión
política) sino directamente contra los productos procedentes de Cataluña (lo
que sonaba a declaración de guerra).
Contribuyeron
a alimentar la difusión del sentimiento independentista y, una vez prendido el fuego,
tratan de aprovecharlo ahora para calentar sus expectativas electorales.
Favores recíprocos, como ha comentado Iñigo Errejón, de Podemos: Rajoy le hizo
la campaña a Mas y Mas le hace ahora la campaña a Rajoy. Cierto que, en el
primer caso, los resultados no fueron muy contundentes: por un escaño, el
capitalista Mas está pendiente, para su supervivencia como gobernante en
activo, de las condiciones que le arranquen los revolucionarios
anticapitalistas de la Candidatura d’Unitat Popular. En el segundo caso, está
por ver qué nivel de limpieza y transparencia le exigirán a Rajoy sus
hipotéticos socios futuros para dejarlo seguir ejerciendo de Don Tancredo.
Entre
las jugadas electoralistas de unos y de otros, retroalimentándose a base de
manipular los sentimientos encontrados de sus respectivos electorados, anda peligrando
por medio la convivencia de los pueblos y el equilibrio social, con la curiosa
coincidencia de que, a la cabeza de los que tratan de gestionar cada uno de los
bandos, aparecen sendos representantes de ese capitalismo especulativo que puso
en marcha hace siete u ocho años, al hilo de la primera gran crisis financiera
de este siglo, esta nueva era de precarización universal. Como para sentir añoranza
de aquellos sueños del internacionalismo proletario.

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