| Periodistas en la manifestación del Primero de Mayo de 2012, en Sevilla |
Sobre esa campaña y sobre el poder manipulador de ciertos medios de comunicación trata este artículo publicado en El Diario Fénix:
http://www.eldiariofenix.com/?q=content/el-poder-de-la-manipulaci%C3%B3n-informativa
Parece que han desaparecido los enlaces de El Diario Fénix. Por eso, incorporo aquí el texto original del artículo al que hago mención.
EL
PLUMILLA ERRANTE
El poder de la
manipulación informativa
José
A. Gaciño (El Diario Fénix, 16-2-16)
Muy bien debe de
estar haciéndolo el gobierno municipal de Madrid cuando las grandes críticas a
su gestión se refieren al vestuario de los reyes magos en la cabalgata de este
año, a la retirada de una lápida relacionada con la guerra civil y a un
desafortunado espectáculo de títeres, además de algunas actividades de algunos
de sus miembros hace cuatro o cinco años, cuando ni siquiera pensaban en ser
algún día concejales. Son casi las únicas referencias a la labor del
Ayuntamiento de Madrid que trascienden al resto de la ciudadanía española a
través de los medios de comunicación convencionales.
Quizá los ciudadanos
madrileños tienen una información más completa y matizada en medios locales,
aunque es posible que tampoco, a juzgar por lo que sucede en otras ciudades
gobernadas por candidaturas similares. Por las referencias que conozco del
tratamiento informativo que reciben los nuevos ayuntamientos de Cádiz o de
Compostela –por ejemplo–, no es muy atrevido afirmar que estos nuevos gobiernos
municipales desarrollan su trabajo en medio de un auténtico bloqueo
informativo, salpicado de ataques continuos ante cualquier gesto, incluidos (o
quizá sobre todo) los menos importantes. El contrapeso que pueden significar
algunas publicaciones digitales, las redes sociales o el programa televisivo
del Gran Wyoming no son suficientes para equilibrar su imagen ante la opinión
pública.
Cuando el
Ayuntamiento de Madrid anunció la creación de una web para puntualizar las
informaciones que entendiese que no se ajustaban a los hechos o datos
objetivos, se le acusó de querer limitar la libertad de expresión y de no
admitir las críticas. Al Ayuntamiento de Cádiz se le ridiculizó cuando celebró
una asamblea informativa en una plaza pública, para tratar de hacer llegar
directamente a los ciudadanos los mensajes y noticias que los medios de
comunicación convencionales ignoraban o tergiversaban.
Para completar el
panorama y convencernos de la escasa independencia de los grandes medios
informativos españoles, basta comprobar el gran despliegue mediático contra
Podemos (el núcleo principal de gran parte de las candidaturas unitarias que
gobiernan esos ayuntamientos “malditos”). En esa confusa mezcla de
informaciones especulativas, declaraciones amenazadoras y editoriales
esquizofrénicos (en los que se clama contra la corrupción mientras se piden
pactos con los corruptos o se acusa a los socialistas de vendepatrias a la vez
que se le pide que participe en un gobierno de unidad nacional) con la que nos
entretienen a falta de un nuevo gobierno, casi todos coinciden en pintar a
Podemos como la gran bestia negra del degradado panorama político español.
Entre otras cosas, le acusan, curiosamente, de tratar de practicar la
manipulación mediática, una práctica en la que todavía tiene mucho que aprender
de quienes lo demonizan.
No es nuevo este
comportamiento de los grandes poderes establecidos, de los que los medios de
comunicación forman parte. En los primeros años de la transición, entre la
aparición de nuevos medios progresistas y que los antiguos medios no sabían hasta
dónde podía llegar la democracia, todavía se guardaban ciertos equilibrios.
Poco a poco, a medida que se fueron comprobando las fuerzas de unos y otros,
que alguna izquierda se fue acomodando a los vicios del poder y que los medios
inicialmente progresistas o han desaparecido o se han acomodado igualmente a
los mismos vicios, ha quedado claro de qué parte están los grandes medios de
comunicación, que son los que siguen marcando la pauta a la opinión pública
(sobre todo, la televisión), a pesar de lo que se puedan agitar las redes
sociales.
El líder de
Podemos habló un día de asaltar los cielos de la política. Alguien, algunos,
muchos a poder ser, podrían pensar en pisar tierra firme y sentar las bases de
una información libre y crítica.
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