martes, 17 de enero de 2012

El linchamiento de la dignidad

Diario Fénix, 17 de enero de 2012

Como ha comentado Reed Brody, consejero jurídico de la ONG estadounidense Human Rights Watch, “resulta paradójico que Garzón esté siendo juzgado por intentar aplicar en su país los mismos principios que logró promover con éxito en el ámbito internacional”. Efectivamente, el juez que consiguió que arrestaran en Londres al dictador chileno Augusto Pinochet, y que algunos militares argentinos fueran juzgados en España por sus crímenes contra la humanidad, no sólo no ha podido llevar adelante en su país una causa contra los crímenes del franquismo, sino que va a ser juzgado por haberlo intentado.

Pero las actuaciones de Garzón no han molestado sólo a los nostálgicos del franquismo. De hecho, esta última movilización contra su actividad estalló cuando empezó a investigar el caso Gürtel, sobre una red de corrupción que afecta a varios dirigentes del Partido Popular. Precisamente el primer juicio al que va a hacer frente Garzón, hoy martes 17, es el que promovieron los implicados del caso Gürtel por las escuchas telefónicas a varios de los encarcelados para controlar sus contactos con sus abogados, de algunos de los cuales se sospechaba que estaban implicados también en la trama.

El juicio por haber intentado abrir una causa por los crímenes del franquismo se celebrará una semana más tarde, el martes 24 de enero. Aquel intento apenas duró un par de meses, desde que Garzón, en septiembre de 2008,  atiende la demanda de familiares de represaliados por el franquismo y dicta en octubre un auto para iniciar la investigación de los crímenes y la localización de los restos de las víctimas asesinadas sin control, hasta noviembre de 2008, en que se inhibe a favor de los juzgados territoriales de cada caso, antes de que la Sala de lo Penal de la Audiencia Nacional atienda el recurso del fiscal y declare a Garzón incompetente para instruir aquellos hechos.

Posteriormente, dos organizaciones franquistas promovieron una causa contra Garzón entendiendo que había prevaricado por el solo hecho de haber abierto la investigación. Lo más grave es que fue admitida a trámite y que el juez instructor que se hizo cargo de llevar a Garzón hasta el banquillo de los acusados es miembro de la asociación progresista Jueces por la Democracia. Una muestra de que en su “linchamiento” no sólo participa la derecha y la ultraderecha, sino también un sector transversal de la judicatura (de derechas y de izquierda) situado en una posición de burocratismo inmovilista.

A ese sector de reglamento y escalafón le molestan los jueces que salen a la calle y arriesgan en los procedimientos para tratar de alcanzar a una delincuencia, como la del narcotráfico, que cuenta con medios más rápidos y eficaces que la policía o la justicia; que desarrollan la imaginación para desentrañar los enredos de la trama “legal” del terrorismo (ilegalizó a Batasuna sin necesidad de la dudosa ley de partidos) y que tienen una actitud militante sobre la universalización de la justicia.

Juez polémico, con sus aciertos y sus errores, ensalzado por la derecha cuando destapó la guerra sucia contra ETA durante los gobiernos socialistas y linchado por esa misma derecha cuando le tocó investigar la corrupción del PP, suspendido en sus funciones desde el 14 de mayo de 2010, está a punto de convertirse en la víctima propiciatoria de una conjunción de envidias, represalias y venganzas.

Pero algunos no olvidaremos que, durante unas semanas, Baltasar Garzón nos devolvió la dignidad colectiva al abrir una causa contra un régimen dictatorial que no fuimos capaces de derrocar. Como no olvidaremos que una juez argentina, María Servini de Cubría, nos está devolviendo el favor, al abrir desde Buenos Aires una investigación sobre los crímenes del franquismo.

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