Diario Fénix, 17 de enero de 2012
Pero las
actuaciones de Garzón no han molestado sólo a los nostálgicos del franquismo.
De hecho, esta última movilización contra su actividad estalló cuando empezó a
investigar el caso Gürtel, sobre una red de corrupción que afecta a varios
dirigentes del Partido Popular. Precisamente el primer juicio al que va a hacer
frente Garzón, hoy martes 17, es el que promovieron los implicados del caso
Gürtel por las escuchas telefónicas a varios de los encarcelados para controlar
sus contactos con sus abogados, de algunos de los cuales se sospechaba que
estaban implicados también en la trama.
El juicio por haber
intentado abrir una causa por los crímenes del franquismo se celebrará una
semana más tarde, el martes 24 de enero. Aquel intento apenas duró un par de
meses, desde que Garzón, en septiembre de 2008,
atiende la demanda de familiares de represaliados por el franquismo y
dicta en octubre un auto para iniciar la investigación de los crímenes y la
localización de los restos de las víctimas asesinadas sin control, hasta
noviembre de 2008, en que se inhibe a favor de los juzgados territoriales de
cada caso, antes de que la Sala de lo Penal de la Audiencia Nacional atienda el
recurso del fiscal y declare a Garzón incompetente para instruir aquellos
hechos.
Posteriormente, dos
organizaciones franquistas promovieron una causa contra Garzón entendiendo que
había prevaricado por el solo hecho de haber abierto la investigación. Lo más
grave es que fue admitida a trámite y que el juez instructor que se hizo cargo
de llevar a Garzón hasta el banquillo de los acusados es miembro de la
asociación progresista Jueces por la Democracia. Una muestra de que en su
“linchamiento” no sólo participa la derecha y la ultraderecha, sino también un
sector transversal de la judicatura (de derechas y de izquierda) situado en una
posición de burocratismo inmovilista.
A ese sector de reglamento
y escalafón le molestan los jueces que salen a la calle y arriesgan en los
procedimientos para tratar de alcanzar a una delincuencia, como la del
narcotráfico, que cuenta con medios más rápidos y eficaces que la policía o la
justicia; que desarrollan la imaginación para desentrañar los enredos de la
trama “legal” del terrorismo (ilegalizó a Batasuna sin necesidad de la dudosa
ley de partidos) y que tienen una actitud militante sobre la universalización
de la justicia.
Juez polémico, con
sus aciertos y sus errores, ensalzado por la derecha cuando destapó la guerra
sucia contra ETA durante los gobiernos socialistas y linchado por esa misma
derecha cuando le tocó investigar la corrupción del PP, suspendido en sus
funciones desde el 14 de mayo de 2010, está a punto de convertirse en la
víctima propiciatoria de una conjunción de envidias, represalias y venganzas.
Pero algunos no
olvidaremos que, durante unas semanas, Baltasar Garzón nos devolvió la dignidad
colectiva al abrir una causa contra un régimen dictatorial que no fuimos
capaces de derrocar. Como no olvidaremos que una juez argentina, María Servini
de Cubría, nos está devolviendo el favor, al abrir desde Buenos Aires una
investigación sobre los crímenes del franquismo.
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