miércoles, 7 de octubre de 2015

Pendientes de las elecciones generales

Patio del Museo Dalí, en Figueres (marzo de 2012)
Como en casi todas las elecciones, cada uno lee los resultados como le parecen más favorables. En las autonómicas catalanas del pasado 27 de septiembre ha vuelto a pasar. Unos resaltan que los no independentistas sobrepasaron el 50 por ciento de los votos. Los independentistas, en cambio, presumen de haber sumado, entre las dos candidaturas de ese signo, más del 50 por ciento de los escaños del Parlament, sin mencionar que las dos candidaturas han perdido dos diputados, con respecto al parlamento anterior, y que la principal de ella, Junts pel Sí, ha conseguido nueve escaños menos que los que consiguieron en 2012 (cuando los dos partidos que se integran en esa candidatura, CDC y ERC, concurrieron por separado). Por su parte, los dos principales partidos estatales (PSC, la rama catalana del PSOE, y PP) se consuelan de sus pérdidas electorales con el recurso de comparar sus resultados con las perspectivas que le dibujaban las encuestas menos favorables, única manera de convencerse de que han recuperado fuerzas, cuando en realidad han perdido diputados con respecto a los comicios anteriores (4 los socialistas y 8 los populares). Los únicos que han reconocido, con sinceridad, su fracaso han sido los de Catalunya sí que es Pot, una coalición de Podemos con Iniciativa per Catalunya y otros, que obtuvo dos diputados menos que ICV en solitario en la cámara anterior. 
Los únicos que han tenido razones para sentirse satisfechos son los flamantes 25 diputados de Ciudadanos (que casi multiplicaron por tres sus 9 diputados de antes) y los independentistas de la CUP (que multiplicaron sobradamente por tres sus 3 diputados de antes hasta alcanzar los decisivos 10 diputados de ahora, que mantienen en vilo la continuidad de Artur Mas en la presidencia de la Generalitat). 
En general, como se explica en este artículo publicado en El Diario Fénix  http://www.eldiariofenix.com/?q=content/pendientes-de-las-elecciones-generales , 
las elecciones mantienen las posiciones entre independentistas y no independentistas, y nos colocan a todos pendientes de las elecciones generales de diciembre.

jueves, 24 de septiembre de 2015

A propósito de las patrias

Ante la tumba de Guifré el Pilós (Wifredo el Velloso), en el
monasterio de Ripoll, en abril de 2012
En vísperas de unas elecciones autonómicas catalanas muy peculiares, porque han sido convocadas con ánimo plebiscitario (sobre la independencia) y, aunque legalmente no pueden tener ese carácter, todos los partidos (incluso los antiindependentistas) han terminado asumiéndolo, se me ha ocurrido darle vueltas a las ideas de patria e identidad, conceptos abiertos y ambiguos donde los haya. Me gustaría que todos, patriotas de cualquier patria existente o por existir, independentistas y unionistas, rebajaran sus respectivos tonos de crispación y comenzaran a relativizar tanta carga simbólica como acumulan tras sus banderas, sus himnos, sus tradiciones y sus frustraciones. Evidentemente, no será posible, porque la lucha política por el poder se desarrolla de esta manera, al menos en este caso, y ninguno va a renunciar al chantaje emocional, si le proporciona votos. Mi opción personal es la de Castelao: república federal ibérica (incluyendo Portugal, claro), añadiendo su integración en una Europa federal (opción que, en la época de Castelao, no se contemplaba). No me gusta que Cataluña se vaya, pero tampoco me gustaría violentar la voluntad de una mayoría suficiente de ciudadanos que no quisiese convivir con el resto de España.
Y aquí queda este artículo con algunas reflexiones sobre las patrias y las identidades.

http://www.eldiariofenix.com/?q=content/patrias-identidades-y-equilibrios

domingo, 24 de mayo de 2015

Reflexión hasta las elecciones generales

Foto de Antonio Galán
Nada más efímero que un artículo escrito un día de reflexión por la tarde (y encima publicado hoy en un espacio para el que no fue concebido), y coincidiendo con la última jornada de la Liga de fútbol, con siete equipos pendientes de destino, por arriba y por abajo. Antes de que termine el artículo, sabré qué equipos han bajado a Segunda División y cuáles se han clasificado para el tercer y cuarto puesto, pero apenas quedarán veinticuatro horas para que los sondeos a pie de urna nos den un primer avance de los resultados de unas elecciones municipales que algunos querrían que fuesen como aquellas famosas elecciones municipales de 1931, pero que lo más probable –y ya se ve la poca vigencia que va a tener este ambiguo pronóstico– es que resulten tan frustrantes como los comicios autonómicos de Andalucía, con parecidos comportamientos pusilánimes a la hora de plantearse determinados acuerdos, no sea que esos acuerdos vayan a ser utilizados por los rivales para descalificar las actitudes de pureza y regeneración. Al fin y al cabo, las elecciones que tanto los partidos políticos como los propios electores (repásense los índices de participación en unas y otras) consideran realmente importantes son las elecciones generales. Más de treinta años de ayuntamientos democráticos y de organización territorial autonómica no han conseguido corregir la inercia centralista que todavía persiste entre políticos, funcionarios y ciudadanos, no todos evidentemente, pero sí los suficientes como para marcar tendencia y para colocar al resto de administraciones en papeles secundarios o, lo que es peor, en simples nichos de empleo para políticos en ascenso o en descenso.   
Y esperando esas elecciones generales que culminarán esta maratón electoral que vamos corriendo por tramos a lo largo del año, parece que nadie quiere mojarse con sus políticas de alianza. Ni la casta ni los descastados. Los instalados contemplan con cierto desdén los voluntariosos intentos de las nuevas fuerzas emergentes para plantear propuestas que puedan ser asumidas por los poderosos y, al mismo tiempo, ser comprendidas por su exigente electorado. Los instalados están convencidos de que su política del miedo frente a las ansias de regeneración va a tener resultado, no tanto como para asegurarles el control absoluto, pero sí lo suficiente como para obligar a los “puros” a mancharse en mayor o menor medida.
Estas elecciones municipales y parcialmente autonómicas apenas van a corregir un poco el dominio bipartidista que una gran parte de la ciudadanía trata de sacudirse, entre otras cosas porque la mojigatería de algunos y el sectarismo de algunos otros, cuando no puros personalismos, ha impedido la formación de candidaturas de izquierda unitarias y fuertes en muchos municipios. Y nada desearía más que equivocarme en esta predicción tan simple.

Tendremos que seguir reflexionando hasta que el presidente del Gobierno (central, por supuesto) decida cuándo le viene mejor convocar esas elecciones generales que marcarán el verdadero rumbo de la política española. Y si en esas elecciones no se consigue meter la cuña que haga trizas la hegemonía bipartidista, va a ser muy difícil alcanzar otra oportunidad, porque ya están dándole vueltas a la conveniencia de modificar las normas electorales, no para restituir la proporcionalidad secuestrada, sino para todo lo contrario, para reforzar las posibilidades de seguir manipulando los votos ciudadanos.

viernes, 12 de septiembre de 2014

Homenaje embarullado a Paco de Lucía

"Paco vivió con el tono y la pasión de lo verdadero". Esta frase la he oído esta mañana en la información de Radio Sevilla. Me fue imposible oírlo ayer por la tarde, a pesar de que estaba como a tres o cuatro metros de la persona que la pronunció, Pepe de Lucía, que leyó un manifiesto de homenaje a la memoria de su hermano, el genial guitarrista Paco de Lucía, homenaje que le rendía un grupo de guitarristas, que se reunieron con tal fin en la plaza de San Francisco, de Sevilla, a tocar las piezas del gran genio de la guitarra. 
No sé si la iniciativa de ese homenaje callejero y entrañable fue de los propios guitarristas o de la Bienal de Flamenco. En cualquier caso, la Bienal lo arropaba y tenía puestos allí un par de carteles. Tampoco sé quién puso las sillas, si la Bienal, el Ayuntamiento o alguien que pasaba por allí. Al parecer, estaban destinadas a los guitarristas, pero fueron ocupadas en su mayor parte por el público que esperaba. A algunos asistentes se les hizo levantar explicándoles que eran para los guitarristas, pero luego se sentaron otros que no tocaban la guitarra. En realidad, no había un espacio definido ni para los guitarristas ni para el público. No sé si la intención era precisamente que todo quedara revuelto, espontáneo. Lo que quedó fue confuso y cutre. Por eso, cuando alguien pidió silencio para empezar el acto, sonaba a sarcasmo, en medio del barullo de la gente en una plaza por donde circulaban vehículos... y sin un puñetero micrófono y altavoz con el que hacerse oír. 
De la intervención de Pepe de Lucía sólo se enteraron los que estaban al lado, entre ellos, claro, las cámaras y micrófonos de los medios de comunicación. De las guitarras algo se adivinaba, pero nada parecido a una audición en serio. Si lo único que querían era que lo grabasen las televisiones y las radios, lo podían haber hecho sólo con ellas y no jugar al espectáculo callejero. 
Esta noche en el Teatro de la Maestranza habrá otro homenaje, esta vez a Enrique Morente, que seguramente va a ser muy distinto, no sólo porque va a ser en un espacio muy definido y perfectamente equipado, sino porque los asistentes pagan y los artistas cobran. ¿Estará ahí la clave?
En el fondo, me alegro por la memoria de Paco de Lucía. Quedaba más ajustado a su pasión por lo verdadero ese homenaje embarullado que ha dejado clara la verdadera dimensión de desprecio que algunos animadores del poder sienten por el genio de un arte popular.

lunes, 5 de mayo de 2014

Concierto de violín por Arturo

Gaciño y Arturo (a la derecha) con
Antonio Machado en medio,
en Segovia en agosto de 2011
Recuerdo la primera vez que lo vi. Antes de que comenzara el curso 1963-64 (¿o fue 64-65? siempre dudo y ahora no tengo ganas de consultar fechas para confirmarlo), en los pasillos de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Complutense, mirando los horarios de las clases en los tablones de anuncio. Me pidió que le buscara los suyos -dos o tres cursos más avanzado que el mío, que era el primero- y yo se los leí. No nos conocíamos, ni tampoco nos presentamos: era sólo un contacto de paso, una pura muestra de cortesía con quien no podía leer sus horarios. Pero más tarde, en el colegio mayor donde resultaba que ambos residíamos (el Pío XII, el de la Escuela de Ciudadanía Cristiana del cardenal Herrera Oria), él reconoció mi voz, que posiblemente es más personal que su físico (o su memoria auditiva más afinada que mi memoria visual), y desde entonces estuvimos unidos para siempre, con independencia de que cada uno siguiera su camino profesional y familiar, que viviésemos a muchos kilómetros de distancia o conviviéramos unos días de paso en viajes cruzados o en fines de semana apurados o en las celebraciones nupciales de sus hijas. Quizá teníamos pendientes unas vacaciones más prolongadas para recopilar tantas cosas en común y algunas que podían haberse perdido por el camino.
Arturo con su nieta Emma (abril de 2014)
La última vez que lo vi fue en una foto, con su hermosa nieta Emma, nacida el mes pasado. Y ayer mismo, al oír en Radio Clásica el Concierto para Violín y Orquesta (creo que en re menor) de Beethoven, le recordaba a María Luisa, mi mujer, que esa fue la pieza con la que Arturo (Arturo Vega Bernardo, el amigo con quien tanto quería) desmontó mis prejuicios sobre la música de violín, que entonces, hace ya cincuenta años, me parecía cursi, y que a partir de entonces se convirtió en mi instrumento favorito, hasta provocarme la rabia tardía por no haber aprendido a tocarlo. Compartimos una pasión por la música en toda su diversidad, como compartimos ideas y conocimientos, manifestaciones contra la dictadura franquista y diversos grados de desencanto ante la deconstrucción de los sueños. Aprendí muchas cosas de él. Fue una de las dos o tres personas que contribuyeron a mi proceso de maduración intelectual (que no sé si he llegado a completar, pero esto ya es problema mío).
Esta mañana, Paqui, su mujer, ha llamado para decirnos, antes de prorrumpir en sollozos, que había muerto anoche, en Galapagar. Después hemos sabido que murió de repente, como del rayo, que diría Miguel Hernández, aquel poeta de los viejos tiempos que también compartíamos. Y me he puesto a verter las lágrimas de mis dedos sobre el teclado para fijar el dolor y la nostalgia perpetua por un amigo desaparecido en el combate absurdo de la muerte. Sin fuerzas para requerirlo a las aladas almas de las rosas del almendro de nata, porque sé que ya no podremos hablar de muchas cosas, compañero del alma, compañero. Si acaso, volver a oír el violín que imaginó Beethoven.