domingo, 13 de octubre de 2013

Cortefiel y el rigor histórico

En la publicidad de una parada de autobús urbano en Sevilla (delante de la estación de autobuses de Plaza de Armas), sobre las ocho y cuarto de la tarde del pasado jueves 10 de octubre, vi un anuncio de Cortefiel, bajo el lema "Gente que abre caminos", en el que se presentaba a Javier Sansó como "el primer hombre que dio la vuelta al mundo en un barco sin combustible fósil". Después he visto un vídeo en el que Javier Sansó explica que utilizaron energías renovables, sin especificar cuáles ni cómo.
En ambos casos, me vino a la memoria aquella expedición de cinco barcos, al mando de Magallanes, que salió de Sevilla hace casi quinientos años (en agosto de 1519), y de la que volvió un solo barco, la nao Victoria, al mando de Juan Sebastián Elcano, después de haber completado el primer viaje alrededor del mundo. Aquel barco no utilizaba combustible fósil y el viento que lo impulsaba, por medio de sus velas, constituye una de las primeras energías renovables utilizadas por la humanidad mucho antes de que el petróleo lo impregnase todo.
(Por cierto que en el pasado mes de abril el gobierno presidido por Rajoy decidió suprimir la comisión organizadora de ese quinto centenario, que se había constituido un año antes por el gobierno que presidía Rodríguez Zapatero. Cosa de los recortes, se dijo. Como se han recortado las subvenciones a las energías renovables)

martes, 20 de agosto de 2013

Violeta Parra: dolor y depresión

Una magnífica visión crítica que disecciona la visión idealizada de Violeta Parra, la de quienes quieren fabricar modelos ejemplares y ocultar los aspectos políticamente incorrectos.

http://joseangelgonzalez.com/violeta-parra/

jueves, 6 de junio de 2013

Fusiones bancarias en San Jerónimo

Antes de la fiebre de las fusiones, que ya empezó antes de la crisis, en el barrio de San Jerónimo, en Sevilla, había una oficina del Monte, otra de Caja San Fernando y otra de La Caixa. Ahora, después de que El Monte y Caja San Fernando se fusionasen en Cajasol y de que Cajasol fuese absorbida por La Caixa, las tres oficinas se han reducido a una. Hicieron obras para montar cuatro cajeros automáticos (que son los mismos que tenían antes las tres oficinas por separado). En el interior, hay dos o tres cajeros "humanos" (según los momentos), que es el número que podían tener cada una de las tres oficinas anteriores. Es decir, hay menos servicio para el mismo número (como mínimo) de clientes.
Mis actividades económicas son modestas y no necesito ir todos los días a la oficina. Afortunadamente, porque siempre que voy hay colas, tanto en los cajeros atendidos por personas como en los cajeros automáticos. El ahorro parece que ha afectado también a la máquina de coger número y volvemos al método tradicional de pedir la vez, lo que no deja de ser una manera de fomentar la convivencia entre los sufridos usuarios. No hay queja del personal que atiende: hacen lo que pueden para agilizar las gestiones, incluso tomándose el trabajo de explicarte todas las funciones posibles de los cajeros automáticos, para que seas autosuficiente en tus gestiones bancarias.
Es lógico que, en estos tiempos de crisis, se ajusten los costes al máximo, sobre todo los laborales. Y puede que sea eso lo que tanto interés tiene en explicarme personalmente el nuevo director de la sucursal, que ya me ha enviado cinco veces (y otras tantas a mi mujer, con la que comparto cuenta) la misma carta de presentación invitándome a acudir a su despacho. Habrá quien vea en esto un derroche de papel (sobre todo si lo hace con todos los clientes de la sucursal), pero todo sea por mantener unas últimas relaciones personales antes de que todos los cajeros sean automáticos.

lunes, 29 de abril de 2013

Fernando Castelló, una referencia personal


Fernando Castelló


Me enteré de su muerte anoche. Había estado desconectado el fin de semana en Cádiz y justamente cuando estaba a punto de coger el coche para volver a Sevilla, me llamó mi amigo José María Núñez para comentarme que había leído en "ABC" la noticia de la muerte de Fernando Castelló. Para él, como para mi, era una referencia de los viejos tiempos, cuando hacíamos lo que podíamos para luchar contra la dictadura franquista, Fernando, desde luego, más que nosotros, desde su compromiso comunista, que compartí hasta que creí que, con la llegada de la democracia, podía liberarme de ese compromiso, concebido en su día como una especie de obligado trabajo de emergencia, y dejar el puesto a quienes pudieran o quisieran dedicarse de lleno a la política. Fernando también se centró en su trabajo profesional, pero, si de la política se retiró él, de la profesión lo echaron, como recordaba él mismo, hace catorce años, en aquel espléndido artículo titulado Jubilados al amanecer: http://elpais.com/diario/1999/01/30/sociedad/917650812_850215.html, aunque, en compensación, realizó una espléndida tarea de activista por la libertad de expresión en todos los lugares del mundo desde su puesto dirigente en la organización internacional Reporteros sin Fronteras.
Trabajé con Fernando Castelló, entre 1965 y 1967, en el semanario económico El Europeo. Yo era entonces un aprendiz de periodista, obligado a trabajar antes de acabar la carrera por haber perdido una espléndida beca en el Colegio Mayor Pío XII, en una de las purgas periódicas contra los alumnos que se tomaban demasiado en serio la doctrina social de la Iglesia. Nunca pude agradecerle lo suficiente a Fernando cuanto aprendí de él, tanto en lo profesional como en lo personal, con dos notas predominantes: rigor e integridad. En los años setenta seguimos manteniendo el contacto en trabajos de movilización de los periodistas contra la dictadura, cuando tratábamos de recuperar para la libertad y la profesionalidad aquellas asociaciones de la prensa secuestradas por el franquismo.
Luego llegó lo que podríamos llamar normalización democrática del país y nuestra separación geográfica (él siguió en Madrid y yo anduve primero por Galicia y últimamente por Andalucía) fue espaciando nuestras relaciones. La noticia de su muerte me ha pillado completamente desprevenido. Y me siento un poco huérfano, al perder una de las personas que significó para mi algo más que un compañero y un amigo. Fernando Castelló significó para mi, además, la referencia del periodismo que se podía hacer durante la dictadura y del periodismo que había que hacer en democracia y que, por diversas razones, se nos ha ido degradando en los últimos tiempos de componendas y corrupción.

http://sociedad.elpais.com/sociedad/2013/04/28/actualidad/1367101749_999886.html



domingo, 23 de septiembre de 2012

Ultraliberales con las espaldas de funcionario bien cubiertas


ENQUANTO HÁ FORÇA

Ultraliberales con las espaldas de funcionario bien cubiertas

Xosé A. Gaciño

Por lo menos Mitt Romney, ese candidato a la presidencia de Estados Unidos que desprecia a los que reciben ayuda pública, ha dedicado la mayor parte de su vida a sus negocios privados. Tan convencido está de que la estructura del Estado debe ser la mínima posible que ya procura acogerse a las tasas tributarias más bajas. De hecho cotiza más al fisco su candidato a vicepresidente, que gana diez veces menos que él.

Los ultraliberales españoles no llegan a esos niveles de coherencia. Antes de lanzarse a la cruzada contra el tamaño del Estado y por la privatización de los servicios públicos, procuran ganar una buena oposición de registrador de la propiedad, abogada del Estado, inspector de Hacienda, letrado de las Cortes o cualquier especialización de técnico superior en la administración pública para tener las espaldas bien cubiertas. Que una cosa es defender la capacidad de riesgo del emprendedor privado y otra muy diferente exponerse a que un mal resultado electoral les obligue a buscar trabajo en el desmantelado (por ellos) mercado laboral. Cierto que siempre hay una multinacional dispuesta a agradecer servicios prestados o a aprovechar un buen tráfico de influencias, pero nunca está de más contar con la seguridad del Estado. Un Estado siempre es un Estado, por mucha prima de riesgo que encarezca la deuda pública engordada por la deuda exterior privada.

Después de casi treinta años dedicada a la política activa, la dimisión de Esperanza Aguirre de su último cargo, presidenta de la Comunidad de Madrid, nos ha vuelto a descubrir que también ella tiene guardado su puesto en la Administración Central del Estado. En efecto, su biografía en Wikipedia recoge que ganó en 1976 unas oposiciones a técnico de Información y Turismo del Estado (aún persistía la nomenclatura del ministerio de Fraga) y que ejerció como alta funcionaria hasta 1983, en que comienza su carrera política como concejala del  Ayuntamiento de Madrid. El resto ya es más conocido: ministra, presidenta del Senado y presidenta de la Comunidad de Madrid, puestos desde los que ha demostrado su imparcialidad corporativa, sobre todo en el último de ellos, en el que ha desplegado una notable actividad privatizadora en los campos de la sanidad y de la educación, además de criticar públicamente y con severidad a los funcionarios que protestaban contra los recortes. No hay como un funcionario ultraliberal para colocar lo público en el nivel más raquítico.

Por lo menos en Estados Unidos, las encuestas reflejan que un 70 por ciento de los universitarios aspiran a montar su propia empresa. En España, hace un ano sólo tenían semejante aspiración el 8 por ciento de los estudiantes de Universidad. El último trabajo de este tipo, publicado en agosto de este año, sitúa ese porcentaje en el 26 por ciento, lo que no se sabe si interpretar como un cambio de mentalidad o como una consecuencia de los tremebundos índices de paro juvenil. De la misma manera que el dato de que sólo el 26 por ciento de los universitarios prefieren hacer unas oposiciones (cuando una encuesta de hace dos años recogía que el 72 por ciento de españoles querían ser funcionarios) puede ser consecuencia de que los recortes con los que se pretende combatir la crisis han congelado las convocatorias de empleo público. Una drástica manera de hacer proselitismo ultraliberal.

Como se ve, a golpe de crisis y austeridad, vamos acercándonos al modelo norteamericano, ese que Obama –como otros presidentes demócratas– pretendía corregir y mejorar, precisamente inspirándose en algunos aspectos del modelo europeo. Puede que nos encontremos antes de lo que se pensaba, y no precisamente porque Estados Unidos cambie más que nosotros.

De todas maneras, no creo que los ultraliberais españoles renuncien fácilmente a la seguridad vitalicia de sus carreras de altos funcionarios.

(Galicia Hoxe. 22-9-12)