sábado, 17 de marzo de 2012

Periodistas unidos por la dignidad

Concentración en la Plaza Nueva, de Sevilla, por un periodismo digno
No recordaba algo parecido desde que en 1981, en A Coruña, un puñado de periodistas nos manifestamos en defensa de Xavier Vinader (para los más jóvenes, recuerdo que fue acusado y condenado porque ETA asesinó a dos personas que él había citado en un reportaje sobre la extrema derecha en Euskadi). Lo de hoy en Sevilla no ha tenido aquel trasfondo dramático, pero sí ha conseguido reproducir un ambiente de unidad tan difícil de alcanzar en esta profesión tan desintegrada por individualismos competitivos y por las diferentes situaciones laborales, cada vez más situadas en una especie de subasta a la baja.
En la concentración de hoy, que había convocado la Asociación de la Prensa de Sevilla por un periodismo en defensa de la verdad y por unas condiciones dignas de empleo para los periodistas, se han reunido cerca de quinientos profesionales de la información, entre los que estaban representados diversos estratos generacionales, incluidos los jóvenes estudiantes de la Facultad de Comunicación, que llegan con tantas ganas, según explicó su representante, que caen en la trampa de aceptar cualquier salario y condición que les ofrezcan. Lo mismo hubo periodistas en paro, de larga duración o recién despedidos, que fotoperiodistas que llevan veinte años trabajando sin papeles (es decir, sin derechos), mujeres discriminadas pese a ser el setenta por ciento de la profesión, trabajadores de medios públicos y de medios privados, de gabinetes de prensa con el alma en vilo en vísperas electorales (como los cesantes de las novelas de Pérez Galdós) o de aventuras digitales que exploran las posibilidades de futuro de una profesión con un presente tan precario.
Pero no nos limitamos a llorar juntos. El diagnóstico y la denuncia establecían el punto de partida. La catarsis colectiva pretende, además, animarnos a luchar por nuestros derechos (que son también derechos de los ciudadanos, para quienes informamos) y apoyarnos en la búsqueda de nuevas vías de ejercicio profesional. Que la angustia no nos lleve a suicidarnos, como nos ha advertido Sol Gallego. Como suele decir nuestro presidente, Rafael Rodríguez, podemos perder si luchamos, pero, si no luchamos, estamos perdidos.
Pues eso. Si nos cogemos de la mano, si estamos unidos, tendremos más posibilidades de encontrar la salida.

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